Hacia más de dos meses que no se veían, y casi dos que ella no tenía noticias de él. El último mensaje recibido, no fue respondido por no agradarle la forma de contestar de él, una rabia interior invadía todo su cuerpo.
La última vez que se vieron era una tarde calurosa a finales de Agosto, después de las vacaciones. Aunque cada uno tenía su vida, sentían una gran atracción el uno por el otro, y tenían la necesidad de verse en vez en cuando.
Esta vez la cita era en casa de él, sabían lo que podía llegar a suceder, nunca habían tenido una oportunidad de tanta intimidad, los dos solos en un espacio cerrado a las miradas.
Ella quería estar guapa, irresistible, sentirse deseada por él. Se duchó. Con un suave masaje impregno todo su cuerpo de una crema suave y perfumada, peinó su melena larga y rizada, se puso ese vestido rojo que sabia que le sentaba tan bien contrastando con el color tostado de su piel. Resaltaban más sus ojos verdes al tener la tez bronceada. Se maquilló ligeramente un poquito los ojos y un color suave en los labios. Se calzó sus sandalias preferidas plateadas y cogió su mini bolso del mismo color.
Serian las cinco de la tarde cuando salió de casa, dirigiéndose a casa de él. Mientras caminaba su cabecita imagina como seria el encuentro, cuando él le abriera la puerta, pensaba las posibles formas de saludarle, la primera conversación, pensaba en cualquier pequeño detalle de ese tan esperado encuentro.
Al fin llegó. Se encontraba en su portal. Frente a ella tenía el típico edificio antiguo de Barcelona, muy bien valorado actualmente. Emocionada y nerviosa, su cuerpo temblaba, no sabía si tocar el timbre o volver hacia su casa. Con un gesto rápido lo apretó. La puerta se abrió sin que nadie preguntara, entró y subió. Era un primer piso. Llego a la puerta y se abrió, ahí estaba él. Lo miró, no lo recordaba así, llevaba una camisa blanca de lino y unos pantalones a juego, parecía ser que el sol del verano también le había tostado la piel. Penetró en ella el aroma de su perfume y se estremeció.
Se sonrieron, se saludaron y se dieron muy tímidamente dos besos en las mejillas. Se dirigieron hacia el salón haciéndose preguntas triviales acerca de las vacaciones. Se sentaron en el sofá, siguieron hablando de las vacaciones y de sus proyectos para el otoño. El ambiente era tenso, lleno de nervios y emoción. De pronto él se inclinó hacia ella y con un gesto tierno empezó a besarle los labios, ella estaba inmóvil casi no gesticulaba con sus labios, tenia tantas ganas de sentir sus besos que su deseo la dejaba inmóvil.
Él se levanto fue hacia la cocina y volvió con una botella de cava y dos copas, ella se relajó en el sofá acompañándose de un gran suspiro.
-Parece que me has leído el pensamiento, me apetece una copita bien fría de cava catalán. -afirmó con una tímida sonrisa.
Brindaron por ellos con sonrisas picaronas, el ambiente se iba relajando cada vez mas, ella se sentía mejor, esperaba este momento, deseado, hacia tanto tiempo. Esta vez no iba a esperar que él la besara. Dejo la copa sobre la mesa y con un movimiento suave se acerco a él, cogiendo sus mejillas con sus manos acerco sus labios, empezó a besarlo un beso tras otro, él dejo como pudo la copa sobre la mesa, así podía abrazar, acariciar su cuerpo, las caricias eran recíprocas y cada vez el ambiente se caldeaba más. La pasión era cada vez más intensa, sus cuerpos quemaban, el fuego interior no podía reprimirse, entre besos, ella empezó a desabrochar su camisa blanca de lino, un botón tras otro, la dejó caer hacia su espalda, hasta desprenderse de ella totalmente. Su pecho dorado por el sol, quedó al descubierto con sus trabajados pectorales. Ella no podía frenarse y empezó a bajar desde el lóbulo de su oreja pasando por el cuello y parándose en sus pezones, a ella le encantaba, mordisquear, chupar, estirar y jugar con sus pezones…
MaRiSa*

